Reseña de la novela ‘Un sendero de claveles’, de Blanca del Cerro

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Cubierta de la novela ‘Un sendero de claveles’ (Playa de Ákaba, 2017)

Jimena de Dávila Fonseca, una mujer de más de 60 años, viuda, que vive sola, visita a su amiga la doctora Flor Santillana en su consulta médica. Allí, Flor Santillana le dice que a la protagonista de la novela que tiene un principio de demencia o Alzheimer, que el paso del tiempo dirá lo que realmente tiene y que lo que tiene que hacer es empezar a prevenir un deterioro temprano y rápido.

Esta es la premisa de la que parte la novela ‘Un sendero de claveles‘ (Playa de Ákaba, 2017), escrita por Blanca del Cerro. ¿Cómo afrontar la enfermedad que le acaban de diagnosticar? ¿Ser fuerte y luchadora, sin rendirse, alegre y vital, como ha sido siempre? ¿Venirse abajo y dejarse llevar por los acontecimientos, por un deterioro neuronal y cognitivo imparable que sólo puedo ralentizar, pero no impedir?

Ante esta doble posibilidad se encuentra Jimena de Dávila, una mujer que durante años vivió con su marido una vida en la que había claveles y felicidad, pero que se enfrenta a un momento de su vida en el que estos claveles, o son arrancados, o se marchitarán sin remedio. Una metáfora, como las que abundan en esta obra, que deberá resolver la protagonista de la novela.

En principio, no se encuentra sola ante este dilema vital que la golpea de repente: tiene a su amiga y médica, Flor Santillana, que le promete que no la abandonará por nada del mundo, que cuidará de ella, que jamás dejará de estar sola. También puede tener la ayuda de sus hijos, Bruno, Raúl y Diego, que viven cerca de ella y que mantienen una buena relación con su madre, llamándola incluso todos los días. Y, asimismo, tiene a su “exótica” amiga Maite.

Ambientada en la actualidad, ‘Un sendero de claveles‘ puede ser la historia de cualquier mujer con los arrojos suficientes como para decidir sobre su vida, pero eso sí, como cabe en cualquier novela que sea realista, con todas las dudas que acechan al ser humano continuamente. Toda decisión es un camino a seguir, un sendero que conduce a otros, y del que en muchas ocasiones, no siempre, es imposible salir.

Porque es muy difícil no dudar cuando el futuro mismo es una incertidumbre, mayor de lo que ya es de por sí saber o no saber, conocer o desconocer, cómo será nuestra vida en una hora, en un día o en un mes. Jimena de Dávila Fonseca, sabiendo que en unos años seguramente no podrá valerse por sí misma, estará segura y dudará sobre lo que ha de hacer. Qué sucede en la vida de esta mujer, saber qué ocurre con los claveles del sendero de amor que plantó su marido, ya fallecido, lo sabrá el lector que lea la novela.

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